viernes, 26 de mayo de 2017

Endogamia cultural

 O, "de cómo me pudrí de los foros de Internet y empecé a pensar que sirven para poco y nada"
¿Quién no leyó alguna vez que los de tal o cual dinastía se iban volviendo más tontos o con más problemas de salud producto de la endogamia? ¿Quién no vió alguna vez un programa en National Geographic en donde una familia de leonesleopardososucedáneos corría peligro porque a la hora de reproducirse no le quedaba otra que hacerlo con animales de su propia familia? La endogamia a nivel biológico no es novedad, y quien más quien menos, todos hemos escuchado hablar del tema alguna vez. La endogamia cultural es otra cosa. No hablo de artistas incestuosos, no.
La primera vez que se me vino a la cabeza esta definición fue, créase o no, recordando a Claudio María Domínguez en Odol Pregunta. No, no recuerdo puntualmente al ahora devenido pseudo-gurú new age en sus épocas de niño prodigio, yo era muy chico y sólo tengo vagos recuerdos de Cacho Fontana en blanco y negro, pero luego me vine a enterar de que este pibe sabía mitología griega (si no me falla la memoria) que daba miedo. Como sea, sea que realmente sabía o estaba todo armado, para responder en la tele había que saber quién era Homero (hoy dirían "el papá de Bart y Lisa"), qué fué el Siglo de Pericles, quién era Atila el Huno, qué pasó el Día D o en Stalingrado, o cosas por el estilo que implicaban, por lo general, haber agarrado un libro o, cuanto menos, la Selecciones del Reader's Digest o El Tony. Hoy, en cambio, para responder en la tele, hay que mirar la tele. Y ya. ¿Quién actúa en tal novela? ¿Quién hizo de malo en tal otra? ¿Quién conduce Telenoche? Y cuando nos pudrimos de los programas de televisión, miramos uno en el cual se muestran las cosas más ridículas acontecidas en la semana televisiva, y nos reímos de la tele, nos olvidamos, y a la semana nos reímos de nuevo y nos olvidamos de nuevo. Y entonces me subo al subte, y un actor hace chistes fáciles poniendo voz de maricón sobre Tinelli, Gran Hermano o Ricardo Fort. Nos va faltando ver un día el programa de la Filarmónica en el Colón presentando "Las músicas más maravillosas de las novelas de la tarde", una adaptación de la novela de moda en el San Martín, o, por qué no, Santo Biasatti recita a Narosky. Tal vez no falte mucho para eso.
Pero bueno, no era de la tele de lo que quería. No tengo tele, no me importa la tele y no la extraño. Y cuando la extraño veo algo en la web. Quería hablar de la endogamia cultural (o lo que para mi significa), de cómo nos vamos volviendo cada día más bobos (y menos curiosos) a medida que nuestro horizonte cultural se restringe a una diagonal de x pulgadas. Al punto.
Durante años - más de los que quisiera admitir - fui asiduo participante de listas de correo, empezando apenas tuve conexión a Internet con la vieja Nikonlist que feneciera en circunstancias nunca aclaradas y que en 1998 me sirviera para elegir mi primera Nikon, desasnarme respecto de que un 70-300 no me iba a alcanzar para fotografía de aves y descubrir que los charlatanes de feria no son un fenómeno exclusivo de Argentina. Luego empecé a participar de foros de fotografía (y de música, aunque en menor medida, tal vez por tener en ese campo una educación formal). Enormes ventajas de foros sobre listas de correo: uno puede compartir fotos, videos, audio. Al principio me parecieron una gran fuente de información invaluable para el que aprendía, hasta que empecé a ver una línea de comportamiento que se repetía una y otra vez: todo el mundo sabe, todo el mundo explica, se da una suerte de democratización trucha del conocimiento. Porque no importa mucho no saber de qué se está hablando, o tener los conocimientos ahí, pegados con chinches. No importa si le estamos mandando fruta al otro alegremente. No importa. La lógica es la de "todo el mundo tiene derecho a opinar", y nadie puede, sin ser acusado de facho o de intolerante o de anticuado o de todas ellas, decir que tal vez sería buena idea ejercitar un poco la humildad, hablar de lo que se sabe y dejar que de lo que uno no sabe hable el que sí. Y es cierto, claro, todo el mundo tiene derecho a opinar. Lo cual no significa que deba. Me recuerda al chiste que dice que la definición de un caballero es "un sujeto que sabe tocar el acordeón pero se abstiene de hacerlo." Todos tenemos el derecho inalienable de entrar a un foro de oftalmólogos y opinar sobre cataratas o maculopatía, ¿no? ¿por qué no hacerlo? .
Pero hasta eso lo podría tolerar. Boludos y bocones hay en todos lados, y no es lógico suponer que Internet y los foros vayan a ser una excepción.
El problema a mi me surge cuando veo esta foto - maravillosa, por cierto - de Henri Cartier-Bresson:


Entro a mi foro amigo y leo entonces que "no es gran cosa", "está movida", "si no fuera de un tipo famoso nadie diría mucho de ella" y, llegamos al punto que más me interesa: "acá en el foro muchos tienen fotos mejores".
Endogamia cultural de libro.Todo se refiere al foro, todo se aprende en el foro (me han contestado "Ansel Adams es un tipo como cualquier otro, puede estar equivocado" para justificar un post en el cual se aseveraba que la distancia focal no tiene incidencia en la profundidad de campo...), cualquier duda se pregunta en el foro y si contesta uno de los llamados "grosos del foro" (en el foro, claro está) , lo que sea es indudable e indiscutiblemente cierto. Si uno de los grosos del foro pone en dudas una foto, la foto ha de ser una mierda, o está sobrevaluada, o es cosa de snobs. No importa que sea parte del patrimonio de la humanidad, que esté en todos los libros de historia: acá, en el foro, se sacan fotos mejores, y si uno de los grosos se ríe, todos se ríen de la foto. Si por otro lado, uno ve una foto completamente intrascendente y lee comentarios como "maravillosa composición", "qué buenos colores", "qué nitidez" de parte de uno de los grosos, ha de ser buena, ¿no?. ¿Es buena tal cámara? Si querés sacar fotos carnet está bien, dicho acerca de una cámara que usan muchos colegas para trabajar y son publicados a nivel internacional.
Poco y nada se habla del contenido de una foto. Poco y nada acerca de qué dice una foto, poco y nada del contexto. De hecho, rara vez se habla de fotografía, rara vez se pregunta ¿por qué fotografiamos?, ¿qué esperamos de nuestras fotos? Sólo se habla de fotos, como se hablaría de fútbol o de videojuegos. Es como escuchar una charla entre cirujanos y que no se hable de curar sino de si el bisturí tal corta mejor que el otro, la manera correcta de agarrar el escalpelo o atarse el delantal. Si el tipo sobrevive o no ¿a quién carajo le importa? Importa si el escalpelo es de acero sueco o lo hace Tramontina en Brasil.
Cuando termine de escribir este texto y justito antes de publicarlo me ponga a asignarle etiquetas, debería poner una que diga descarga, o catarsis. Esto es Internet, aquello de lo que hablo ocurre y va a seguir ocurriendo, así que ya saben: a no tomarse tan en serio los foros. Ni los blogs, para el caso.

martes, 23 de mayo de 2017

La felicidad en 1.4 (esto no es una reviú)

Como lo dice el título, esto no intenta ser una reviú ni nada por el estilo. Las hay a montones, , suficientes como para confundir hasta al más decidido a la hora de comprar. Tan sólo me limitaré a contar cómo fue que cayó en mis manos un Sigma 24mm f/1.4 ART, y por qué estoy muy feliz con el.

Por años estuve reacio a ir a por un lente 1.4, siendo el feliz poseedor de un 50mm f/1.8 la guita extra necesaria para disponer de un puntito y pico más de luminosidad hacía que la idea no me resultara para nada tentadora. Tomó un poco de suerte, de la buena y de la mala, para que esto cambiara.

Usé por dos años una de las míticas bestias de Nikon, el AF-S 14-24mm f/2.8, parte de eso que los yanquis, tan dados a ese tipo de definiciones, llama la "Trilogía Sagrada", 14-24, 24-70 y 70-200, todos f/2.8, todos excepcionales. Si uno está dispuesto a dejar la espalda en el proceso, con esos tres y un par de cuerpos tiene el 90% de sus necesidades fotográficas cubiertas. El 14-24 es todo lo que dicen de el, una joya con un nivel de distorsión increíblemente bajo, excepcional calidad de imagen, un kilo de peso y un elemento frontal enorme. Un objetivo increíble. Entra en escena la mala suerte. Muchos lo sabrán, Argentina está pasando por una de sus clásicas crisis económicas (de esas en las que, para convencerte de que las cosas van bien, te dicen que las cosas están mal pero vamos por el buen camino). En síntesis, decido vender el 14-24: necesito la guita.

Pero al parecer la crisis no es algo que me afecte a mi solo, me toma más de un año tener un interesado. De hecho, cuando aparece uno, como por arte de magia resulta que tengo cuatro interesados y tengo que decidir a quién venderle. Entra en escena la buena suerte: uno me ofrece un Sigma 24mm f/1.4 ART y la diferencia en billetes con la cara de Benjamin Franklin. Me tomó dos segundos decidirme.

Resulta que llevaba un tiempo pensando reducir el equipo que cargo. En una cobertura típica, llevo encima una Nikon D700, Tamron 24-70mm f/2.8, Nikon 80-200mm f/2.8, 50mm f/1.8, un SB900 y, cuando la ocasión lo amerita, la D300, el 14-24, lo que sumado a baterías extra, cargadores, la netbook y otras yerbas hacen que el bolso Domke J-2 pese más de lo que los kinesiólogos recomiendan. Así que hace un tiempo que maquinaba la idea de cambiar por un kit con dos posibilidades: 24 y 50mm fijos y el 80-200; o, cuando no necesito el alcance y la versatilidad del zoom, 24, 50 y 105mm fijos. El peso se reduce de manera drástica, y la calidad de imagen no tiene comparación.

Volviendo al punto, acepté la oferta, y en una mesa de bar vi cómo se iba el 14-24 y caía en mis manos este objetivo. No me interesa aburrir con detalles tecnicos, están todos publicados en la página de Sigma: https://www.sigmaphoto.com/24mm-f14-dg-hsm-a

Sólo diré que desde el momento en que uno lo agarra sabe que es un buen objetivo, sólido, bien construido, nada en él parece barato. Hasta el parasol encaja que da gusto. Nunca entendí por qué Nikon te vende un objetivo a usd1300 con un parasol de plástico que a los dos usos se deforma y se cae. Perdí dos de mi 80-200 antes de optar por no usarlo más con parasol.

Las pregunta son, ¿por qué 1.4? ¿Hace falta esa luminosidad en un 24mm? ¿Qué tal anda?

Son las preguntas que me hice por un tiempo (mientras pensaba qué hacer, si eventualmente estirarme a este Sigma o apuntar a un 24mm f/2.8). Respuesta corta: si y no.  No porque ciertamente se puede vivir con el 2.8, así que necesario, lo que es necesario, no podemos decir que lo sea. Y si porque si, claro, porque una vez que tenés la posibilidad de ir hasta 1.4, lo vas a hacer...


Nikon D700, Sigma 24mm f/1.4. ART – 1/100, f/1.4, iso 400

Estoy acostumbrado a trabajar con normales y teles luminosos, por lo que el tema del desenfoque no es ni novedoso ni shockeante per se, pero la posibilidad de lograr meter contexto, un montón de contexto, y al mismo tiempo eliminar el ruido de fondo es sencillamente genial.


Nikon D700, Sigma 24mm f/1.4. ART – 1/125, f/1.4, iso 3200

La foto de arriba luce al mismo tiempo cargada y limpia, con un sujeto claro. No me preocupé en ese momento por hacer una prueba, pero puedo apostar que aún en 2.8 el fondo se volvería más molesto.

Si rinde en 1.4, uno pensaría que cerrando el diafragma la performance va a ser buena, y no se equivoca, es así, simplemente excelente. La foto que sigue no había manera de hacerla sin la gente ubicada en el ángulo inferior izquierdo. Tanto la nitidez como la distorsión están más que bien.


Nikon D700, Sigma 24mm f/1.4. ART – 1/800, f/8, iso 200

Lo he tenido por poco más de dos semanas, y el lente quedó atornillado a la D700. Por si fuera poco, puesto en la D300 se transforma en un hermoso 35mm f/1.4, perfecto para fotografía callejera. De hecho, con un bolso chico, 24 y 50mm y los dos cuerpos tengo 24, 35, 50 y 75mm con apenas un poco más del peso de un sólo cuerpo y el 14-24,

Algunas fotos más, de muestra.







viernes, 8 de enero de 2016

Cosas que pasan mientras la prensa persigue prófugos

Apenas antes del fin del año pasado, tres peligrosos delincuentes se escaparon de manera muy sospechosa de un penal. Pero no es ese el tema, no quiero discutir si escapan de Aníbal Fernández, si éste los ayudo a escapar o si es una devolución de favores de la gobernadora. El punto es otro, o no.
Ayer, al volver de cubrir una protesta por despidos en el Centro Cultural Kirchner, paramos a tomar un café. En la tele TN. En letras rojas ¡URGENTE! Estuve en el café unos 40 minutos. Durante los 40 minutos se transmitía en vivo la "persecución" de los tres tristes prófugos desde un helicóptero, con titulares como:
- Un helicóptero bajó en una quinta (sic, aclaro, puesto que un campo sembrado de soja no es una quinta)
- Otro helicóptero bajó en un campo (al parecer alguien notó lo que mencioné más arriba)
- Policías armados entraron en una casa
Todo acompañado de unas imágenes en crudo que se iban y venían de foco según se moviera el helicóptero. 40 minutos de NADA mientras a diez cuadras 600 trabajadores protestaban por su despido, del cual se enteraron a través del Twitter del Ministro de Cultura Hernán Lombardi, y luego cuando fueron a su trabajo y no los dejaron entrar.
Entonces, no queda otra más que bombardear blogs y redes sociales con aquello que los medios no están queriendo mostrar. Quedará a juicio de cada uno si lo que ve es armado o no lo es. Lo que queda fuera de la discusión es el papel del periodismo, que en un caso informa hasta del color de los calzones de una persona, y en el otro nos entretiene con NADA durante horas mientras elige deliberadamente no mostrar otras cosas. Así, mientras miramos por la tele una imagen de campos verdes bajo el título "así es el lugar donde buscan a los prófugos", no nos hablan del megacanje, de los despidos masivos, de que los dólares de las cerealeras no aparecen, de la violación de leyes por parte del gobierno, de la intervención del ente autárquico que controla los medios, de las inundaciones, y mas, mucho mas.
Estas pocas fotos muestran un par de protestas que ocurrieron mientras hablamos de los tres prófugos.























martes, 20 de diciembre de 2011

A 10 años del 19 y 20 de Diciembre de 2001

¿Qué estabas haciendo el 19 de Diciembre de 2001 a la noche? Al igual que cada persona recordará qué estaba haciendo cuando el Día D, cuando la transmisión del alunizaje, el 24 de marzo del '76 o el ataque a las Torres Gemelas, cada persona en edad de recordarlo sabe exactamente qué estaba haciendo ese 19 de Diciembre al comenzar el cacerolazo que terminaría con el gobierno de De la Rúa y, una semana después, con las ilusiones de cambio de más de uno.
Esa tarde yo volvía de un ensayo. El tema del día había sido el de los saqueos. Al bajar del subte en José Hernández, me encontré con gente que venía corriendo avisando a los comerciantes ¡ahí vienen!, y las cortinas se iban bajando rápidamente, con desesperación. Miré a lo lejos y no veía nada, así que decidí ir a ver qué venía y por qué la deseperación. Al llegar a Cabildo y Juramento la avenida estaba cortada, unas gomas quemadas, y había un grupo de pibes haciendo un picado. La imagen era algo surrealista, pero no tenía la cámara encima. Que yo sepa no hubo saqueos, sólo histeria colectiva. Bajé por Juramento caminando por la calle.
Por la noche teníamos reunión de fin de año, en pleno Recoleta, con compañeros de trabajo de mi ex, Gaby. El cacerolazo comenzó como un repiqueteo lejano, casi como si se tratara de una despedida de soltero, y comenzó a ganar intensidad. No mucho después, todo era ruido de cacerolas. Prendimos la tele y nos encontramos con que la gente ya ganaba la plaza, y vimos a De la Rúa cavarse la fosa decretando el estado de sitio. El 20 se suponía que viajaba a tocar en Posadas, en ese momento supe que no iba a ser así. Alguno sugirió ir para la Plaza, otros dijimos que no era muy prudente ir de noche, sin saber bien qué pasaba, que en todo caso al día siguiente a la luz del día, y seguimos la situación por tele.
Las cacerolas seguían.
Por la mañana, no se escuchaban cacerolas pero en la Plaza ya era una batalla campal. A media mañana recibimos un llamado. Una compañera de trabajo de Gaby había ido y había caído en una corrida con la montada. Nada grave, pero al golpearse la cabeza contra el cordón había tenido conmoción cerebral y estaba en observación. Esto no pinta nada bien, pensé. Yo tenía el equipaje armado por las dudas por si viajaba, y la cámara de fotos a mano por si no. Sabía que el show se suspendería, pero no sabía si ocurriría antes de viajar. Honestamente, esperaba que se suspendiera para agarrar la cámara e ir a la Plaza. No iban a faltar shows, pero la historia ocurre un sólo día, y no quería quedarme viéndola por la tele. Al mediodía Gaby partía para un ensayo, aunque ya se sabía, la idea era que se juntaban para ir en grupo hacia la Plaza de Mayo. Cuando llegó finalmente el llamado confirmando que no se hacía el show, bajé a la casa de fotografía de la esquina, y parado frente al mostrador, miré la billetera. No había mucho, pasada la mitad del mes y comprados los regalos navideños.
- Dame dos ProImage de 100 y un Ultra de 400.
- ¿Te vas de vacaciones?
- No precisamente, sonreí...
Al rato, ya en las cercanías de la Plaza, grupos de gente que se volvía, en algunos casos cacerola en mano, en la Plaza quedaban las Madres y los grupos más combativos, las familias que habían ido espontáneamente a manifestarse huían con sus hijos. Más cerca una calle con el asfalto en reparación proveía de piedras a la muchachada. Una vez en la Plaza la cronología se me va al tacho. En algún momento me puse a sacar fotos y se me acercó un hombre.
- Si le sacás fotos a los pibes te rompo la cara, y la cámara.
- OK.
 Y apunté para el otro lado, al tiempo que maldecía no tener un tele. Quedaba claro que no todo era alzamiento espontáneo. Un 35-105 como el que estaba usando bstaría y sobraría para alguien experimentado, pero para alguien verde como yo, todo me quedaba lejos. Mi primer experiencia como reportero gráfico estaba lejos de ser satisfactoria. Alrededor de la Pirámide de Mayo, las Madres hacían su ronda. La Policía Montada cargaba y la cana, muchos de ellos de civil o con su chaleco PFA nomás, estaba meta palo y llevándose gente. Bancos arrancados y piedras que volaban, mientras me cubría detrás de los árboles para que no me llevaran puesto los caballos, traté de hacer algunas fotos.
Caminé hacia el Cabildo, bomberos apagaban una cabina quemada, y mientras sacaba algunas fotos, degusté por primera vez los gases lacrimógenos. Al principio no me sentí muy mal, así que, pensando ingenuamente que eso era todo, me acerqué para hacer fotos de la carga de la Montada, y repentinamente me encontré delante del Cabildo, entre el humo, y todo me empezó a dar vueltas. Pensé – cagué, me desmayo, mientras sentía cómo se me revolvía el estómago, me costaba respirar y mareado entre el humo daba vueltas sin entender para dónde rajar. En eso siento un tirón de la remera.
- No te refregués los ojos que es peor – mientras me tiraba un poco de agua de su botellita - . Tirate un poco de agua y no te toques. Mojate la remera y tapate la cara.
El que me hablaba era un fotógrafo que, claramente, tenía la experiencia de la que yo carecía. No se si le llegué a agradecer antes de desapareciera en el medio del quilombo y se fuera a hacer fotos. Decidí buscar un kiosko, conseguir un agua e irme hasta el Colón a decirle al grupo que iba a venir que no era buena idea. La Plaza ya no era terreno para manifestarse, era un campo de batalla. La cana estaba cebada, supongo que era su revancha después de muchos años, se las dieron servida y la aprovecharon. Veía las corridas de la montada y me recordaba a las marchas de la Multipartidaria en los finales del Proceso. ¿Algunos de los fotógrafos sin dudas habían estado allí? ¿Qué pensarían? ¿Habrían imaginado que alguna vez iban a volver a ver eso?
En mi búsqueda de un kiosko (!), supuse erróneamente que era más seguro ir por Avenida de Mayo, así que, más o menos a la misma hora en que desde el HSBC disparaban y mataban a uno de los manifestantes, pasé entre corridas y, finalmente, llegué a la 9 de Julio. Allí me encontré de repente con que por Rivadavia doblaban los canas motorizados. Lejos, los peores, los mismos que, años antes, pateaban a los autos cuando pasaban los Falcons que llevaban a Videla. Parecían disfrutar el momento. Era su momento. Antes de arremeter pararon, y uno de ellos apuntó hacia mi con la Itaka. Instintivamente levanté la cámara. Suerte de principiante, por algún motivo al cana le importó. Me miró, apuntó a otro y disparó. Salieron a mil disparando, la gente corriendo para todos lados. En la 9 de Julio un tipo sangraba rodeado de un grupo de gente. No me atreví a sacar esa foto. No me parecía bien, no estaba trabajando, no sabía para qué estaba sacando esas fotos, o si, lo hacía para mi, para tener mi documento y no quedarme con lo que veía en la tele. Por el motivo que fuera no la saqué, y después me arrepentí, la debí haber sacado. Pedían fotos que ayudaran a identificar gente, hechos y lugares, y, tal vez, esa foto hubiera sido útil. ¿Como sea, no la saqué. Milagrosamente, conseguí un kiosko. Empecé a caminar hacia el Colón. En eso se me prende a caminar un gordo con pinta de sindicalista, en cueros, la panza cayéndole sobre el cinto, la columna erguida como sacando pecho para sostener ese peso bamboleante.
- ¿Ya rompiste una vidriera? Me dice.
- No. ¿Hay que romper vidrieras? Pregunté sonriendo.
- No sabés. Tenés que romper alguna. Agarrá una piedra – me dice, haciendo el gesto de tomar un adoquín con las dos manos y tirarlo como quien saca un lateral en fútbol – y tirala. Vas a ver qué bien se siente cuando se hace mierda el vidrio y explota. Te ahorrás la guita en psicólogo.
Gracias, le digo, voy a probar. Y apuro el paso, no sea cosa que tenga alguna otra idea terapéutica y ésta me incluya. ¿Habrá ido alguna vez el gordo al psicólogo?
Nadie en el teatro. Llamado a casa y me entero de que ya habían sido advertidos y no iban a ir. Todavía me quedaba un rollo. Decidí volver a la Plaza, pero por otro lado esta vez. Desde el Obelisco el camioncito de Crónica mostraba las corridas, los gases. No, Corrientes no parecía estar mejor, en Lavalle otra vez recibo la sugerencia de ir a hacer fotos a otro lado so pena de perder los dientes, la cámara y mis (pocas) pertenencias. Esquivando corridas y cosas que la gente de los edificios tiraba a la policía (vi caer desde banquetas hasta bolsas con mierda) encaré hacia la Casa Rosada por donde pude. Ya casi llegando, un grupo de la Guardia de Infantería salió corriendo por Florida. Decidí seguirlos. Su estado físico er notablemente mejor que el mío (lo que no es mucho decir). Al llegar a Sarmiento les había perdido el rastro, pero en la misma esquina en la que un rato antes había fotografiado a la gente siguiendo lo que pasaba en la Plaza en las teles de Frávega encontré a unos canas arrestando a un par de tipos ensangrentados, saqué un par de fotos de lejos, en eso me acerqué, un cana me miró de reojo con mala cara y de repente me di cuenta de que estaba solo. No me pareció buena idea, así que silbando bajito me escabullí hasta la explanada de la Casa de Gobierno, en donde me encontré con cantidad de fotógrafos. Después de un rato de fotos ya me quedaban pocas, y caía la tarde. Lo pensé un poco y encaré de nuevo hacia la 9 de Julio.
Un rato después, cuando me encontraba nuevamente delante de Colón, la gente empezó a festejar. Si me hubiera quedado en la explanada, tendría la foto del helicóptero. De la Rúa había renunciado, y todos festejábamos, aunque no sabíamos bien qué.
Al día siguiente llevé las fotos a revelar, pedí los contactos como siempre, y cuando pasé más tarde el dolape de Ciudad Fotográfica me pidió permiso para hacerse una copia de una de las fotos. Era la foto del grupo de gente siguiendo a través de los televisores de la vidriera de un Frávega lo que pasaba en la Plaza. El negocio tiene una marquesina enorme que dice “Paz en el mundo”.
Tuve que caminar un rato para poder tomar un bondi, casi hasta Recoleta. A medida que me alejaba, los bares estaba llenos de gente que tomaba una cervecita como cualquier otro día, en algunos casos ignorando lo que mostraban los televisores.
Los días que siguieron no volví a salir a sacar fotos. Era casi fin de mes, habíamos comprado los regalos de Navidad, no había guita para rollos. Lo que siguió de la historia lo vi por la tele.






















Endogamia cultural

  O, "de cómo me pudrí de los foros de Internet y empecé a pensar que sirven para poco y nada" ¿Quién no leyó alguna vez que los ...